Y me pregunto ¿Por qué? Porque sucede que lo llevamos en nuestra sangre en nuestros genes, en alguna pequeña parte diminuta indivisible en lo más profundo de nuestras células que nos hace tentarnos. Y hay tentaciones buenas no lo niego, pero no me digan que al escuchar la palabra tentación no se les vienen a la cabeza miles de cosas terribles. Podemos tentarnos con un viaje claro, con una salida a algún lado, con comprarnos algo, con una comida. Tal vez todos estos sean ejemplos sanos dentro de todo. Pero qué pasa cuando nos tentamos con algo que claramente no deberíamos. Qué pasa cuando estamos en una relación con alguien y nos tentamos con el prójimo. Que tristes esas historias que a veces llegan a nuestros oídos y cuentan de parejas que han sido rotas debido a que uno de ellos se ha fijado en el mejor amigo de su pareja. Y ambos decidieron hacer caso nulo a su consciencia dejándose llevar por los impulsos del deseo, la pasión y el egoísmo, destruyendo a una persona en medio sin importarles absolutamente nada. Y claro es que en nombre del amor todo lo vale no?
Creo que la tentación siempre está presente, es como un ser que nos susurra al oído tratando de convencernos de tomar ese camino oscuro que él nos vende como muy provechoso y lleno de alegría y satisfacción claro. Pero ese camino solo tiene luz los primeros metros, creo que luego de estos no hay nada bueno.
Y como siempre cada vez que escribo me encuentro con que me gustaría poder sacar conclusiones y poder exprimir el tema del que hablo y sacarle el jugo y algo valioso y concreto. Pero la verdad es que sería un error terrible. Ya que como siempre cada historia es distinta. Lo único concreto que hay son los hechos, y los paradigmas de cada una de las personas que están viviendo la situación. Es decir, su forma de ver las cosas, de acuerdo al momento de su vida en el que se encuentran, de acuerdo a su forma de pensar las cosas…
Lo único cierto es que sin lugar a dudas todos y cada uno de nosotros a la hora de tomar las decisiones fundamentales que dictan nuestros destinos, lo hacemos en base a nuestros principios, y en base a lo que consideramos más importante a la hora de tomar la decisión. Que difícil que es explicar esto. Por ejemplo una persona puede decidir priorizar el placer propio y el disfrute del momento, sin importarle consecuencia alguna ni el prójimo en absoluto y claramente sabremos qué decisión tomara ante una tentación. Otra persona puede optar hacer ojos ciegos a la misma y mentirse a sí misma con tal de proteger sus hijos, su familia y muchas cosas ya obtenidas en su vida. Otra persona puede hacerse cargo de lo que está pasando pero posponer el momento para más adelante y aclarar con su pareja lo que le está pasando, en fin… existen infinidad de combinaciones posibles, de historias nunca contadas, corazones destrozados los cuales nunca lograron cicatrizar, pasiones fugaces, ríos de lagrimas, y remolinos de sentimientos perdidos en meras reacciones químicas, ya desintegrados hace años luz.