miércoles, 29 de diciembre de 2010

No busques.

No busques que te consuele, pues actualmente lo que tengo adentro duele, estoy tratando de sacarlo todo.
No mires a mis ojos buscando el cielo, pues es por la tierra por donde ando, tratando de reincorporarme tras la caída.
No trates de tomar mi mano, pues probablemente no podre levantarme y seguir tu paso.
No te enfades por mi debilidad, pues no sabes por lo que he pasado, y que tanto daño he sufrido.
No consideres mi actuar un capricho, y si así lo fuere, deja que pase solo, ya que prefiero el capricho y la sinceridad de un niño, a la frialdad y deshonestidad de un adulto.
No trates de empujarme, pues será peor solo terminaras por hundirme más en el lodo en el que me encuentro atascado.
Si quieres ayudarme tan solo recuéstate a mi lado y cuéntame sobre las cosas bellas de la vida, y de porque he de levantarme, de cómo has de sanar mi corazón con tus cantos y caricias. De cómo has de hacerme feliz y de todas esas virtudes de las que estas tan orgullosa y por las que tantos se pelean siendo yo la envidia de todos. Pues probablemente ahí me dé cuenta del ser preciado que la vida me ha puesto al lado. Ya que el hombre por naturaleza siempre quiere tener lo que el resto, y como hombre soy, lamentablemente responderé a este capricho.

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